Prevención del Acoso Escolar y Mejora de la Convivencia - “Héroes Discretos”

Justificación

Los distintos estudios llevados a cabo en escuelas, institutos y en general comunidades educativas, muestran la educación para la convivencia como la vía de afrontamiento más eficiente y eficaz para mejorar el clima de relaciones sociales en las escuelas y, en consecuencia, paliar la conflictividad y la violencia escolar.


La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, en sus artículos 14 y 17, destaca entre sus finalidades la convivencia, las relaciones afectivas, la resolución de conflictos y el respeto a la diversidad cultural y de género.


Igualmente, dispone que el proyecto educativo del centro, debe contemplar la atención a la diversidad del alumnado, el plan de convivencia y el respeto al principio de no discriminación y de inclusión educativas.  Con ello, asumimos que no solo afectan a la convivencia el mantenimiento y el respeto de unas normas, sino que para ello es necesario trabajar en el centro educativo por unas buenas relaciones entre el alumnado, la sensibilización y formación en el profesorado y todos los agentes educativos para llevar a cabo esa prevención. 


Existe por parte de los/as profesionales de la enseñanza una demanda de herramientas que les permitan afrontar de manera eficaz e inmediata las conductas contrarias a la convivencia, de modo particular en los casos de acoso escolar. Ese desconocimiento por parte de los centros educativos conduce a la necesidad de facilitar orientaciones de carácter práctico que ayuden a la comprensión del problema y favorezcan su prevención y detección.


En el estudio realizado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Díaz-Aguado et al., 2010), se constata, que las acciones realizadas hasta el momento no son suficientes para terminar con la problemática del acoso escolar en los centros y que la formación del profesorado en programas de prevención e intervención ante la misma podrían ser muy o bastante importantes para mejorar el clima de convivencia de las instituciones docentes (Pérez-Carbonell et al., 2009; Van Goethem et al., 2010).


Son muchos los autores y las autoras que señalan la falta de formación en acoso escolar entre el profesorado y la escasa preparación de los futuros docentes para intervenir ante situaciones de este tipo, así como para trabajar con las víctimas, las personas acosadoras, las familias y el resto del alumnado (Navarro, 2011; Fernández et al., 2006; Boulton, 1997; O’More, 2000; Yoon, 2004). 


Así pues, se hace patente que el profesorado debe contar con una formación y con una orientación específica que les permitan afrontar este problema educativo con acciones creativas y ajustadas al entorno. Para ello, debe adquirir los conocimientos teóricos y prácticos necesarios sobre el tema, a fin de poner en marcha las medidas de prevención e intervención del acoso escolar, al tiempo que debe aprender a desarrollar procesos de interacción y comunicación en el aula; a aplicar destrezas y habilidades sociales que fomenten el aprendizaje y la convivencia en la misma, y a abordar problemas de disciplina y resolución de conflictos ante situaciones de intimidación y acoso, de generación de clima afectivo-relacional y de resolución constructiva de problemas, entre otras cuestiones.


Desde la acción educativa, la convivencia exige la consideración de los sentimientos y las emociones que son necesarios para relacionarse bien con los demás. Se trata de sentimientos de empatía emocional y cognitiva, que se adquieren cuando el aprendizaje y el desarrollo siguen ciertas pautas sociales de apegos, reciprocidad afectiva y elaboración de criterios relacionales sólidos. Una dimensión de prosociabilidad que contiene la dimensión social que incluye el reconocimiento de la otra persona como semejante y diferente al mismo tiempo.


Es fundamental que la persona docente acceda a la teoría que aplicará según su estilo y elaboraciones, que tenga oportunidades significativas de aplicar en la práctica lo aprendido, que privilegie su formación autoreferencial vivencial, que le pone de cara a su familia, a sus experiencias de vida, a sus sistemas de creencias.

 

El/la docente podrá hacer uso sus recursos propios para acompañar a sus alumnas y alumnos, lo que requerirá cada vez más consciencia sobre sí mismo/a, sobre sus actos, sobre sus necesidades, sobre las emociones que le atraviesan y que marcan sus respuestas.


Surge pues, la autoobservación del docente como condición necesaria para su ejercicio como guía, como agente de cambio y como modelo de convivencia. Es preciso, por una parte, que tenga conocimientos actuales sobre modos y modelos de convivencia asertiva, y que pueda aplicarlos en los diversos contextos en los cuales se mueve; y por otra, es importante que el/la docente pueda reconocer el modo particular cómo influye a sus alumnos y alumnas, cómo estos le influyen, cómo sus historias evocan y a veces re-editan las propias, lo que generaría movimientos internos y respuestas emocionales, cognitivas y prácticas, que pueden ser identificadas y trabajadas.


Consideramos que es responsabilidad de toda la sociedad crear entornos socioculturales y educativos para ofrecer alternativas no violentas para la gestión de los conflictos intra e interpersonales que sin duda se dan entre sus miembros. Con la presentación de este programa buscamos asumir esta responsabilidad desde los centros educativos, principalmente desde la figura docente.