La Inteligencia Ejecutiva y su Educación en el Aula. La Educación por Proyectos.

Justificación

Como resultado de los muchos avances científicos en la Neuroeducación, en las últimas dos décadas están emergiendo multitud de propuestas pedagógica y educativas de diversa índole, que proponen los más diversos paradigmas y pretenden apoyar y argumentar esa transformación educativa que está habiendo.

 
Esta proliferación posibilita una oportunidad de indagar en aquellos elementos articulables en función de una tradición cultural y pedagógica adecuada para cada situación específica.


Sin embargo, tal profusión de propuestas, nos presentan una psicopedagogía de difícil traslación al aula. Cada propuesta se fija en un aspecto sobre el que construye su teoría, la terminología no está consensuada y, a menudo, creamos marcos conceptuales alrededor de elementos que, en realidad, subrayan un aspecto.


Afortunadamente, los modelos más eficientes se están consolidando alrededor de uno más integrado, que va desde la neurociencia hasta la inteligencia artificial, de las operaciones no conscientes de nuestro cerebro a las decisiones conscientes. Es el modelo ejecutivo de la inteligencia. Este modelo permite integrar los objetivos de la educación: ayudar a educar la inteligencia generadora, para que sea fértil, ágil, rica en ocurrencias, creativa, y la inteligencia ejecutiva, capaz de elegir bien las metas, supervisar su realización y gestionar la atención, la memoria, la afectividad, la acción.


La principal función de la inteligencia es dirigir adecuadamente las actividades mentales y físicas. Implica elegir bien las metas, movilizarlos conocimientos necesarios, gestionar las emociones y aprender las operaciones precisas para alcanzarlas. (Marina, 2014)


La inteligencia ejecutiva permite aprender a pensar bien, a sentir bien y a tomar buenas decisiones. Cada persona puede diseñar su propio cerebro, es decir, su inteligencia, su memoria, su personalidad. Se trata de aprender y de saber qué hacer con lo aprendido.


La educación se compone de ‘conocimientos’ y de ‘destrezas no cognitivas’. Múltiples investigaciones convergen en ese modelo.


Estas destrezas no cognitivas son la motivación, la perseverancia, el autocontrol, la metacognición, las relaciones sociales, la resiliencia y la capacidad de enfrentarse a los problemas.


“Aprender para conocer supone, en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento. 
Desde la infancia, sobre todo en las sociedades dominadas por la imagen televisiva, el joven debe aprender a concentrar su atención a las cosas y a las personas.


La vertiginosa sucesión de informaciones en los medios de comunicación y el frecuente cambio del canal de televisión, atenta contra el proceso de descubrimiento, que requiere una permanencia y una profundización de la información captada. 


Este aprendizaje de la atención puede adoptar formas diversas y sacar provecho de múltiples ocasiones de la vida…El ejercicio de la memoria, por otra parte, es un antídoto necesario contra la invasión de las informaciones instantáneas que difunden los medios de comunicación masiva. 


Sería peligroso imaginar que la memoria ha perdido su utilidad debido a la formidable capacidad de almacenamiento y difusión de datos de que disponemos en la actualidad. Desde luego, hay que ser selectivos, en la elección de los datos que aprenderemos “de memoria”, pero debe cultivarse con esmero la facultad intrínsecamente humana de memorización asociativa, irreductible a un automatismo. 


Todos los especialistas coinciden en afirmar la necesidad de entrenar la memoria desde la infancia …  


Por último, el ejercicio del pensamiento, en el que el niño es iniciado primero por sus padres y más tarde por sus maestros, debe entrañar una articulación entre lo concreto y lo abstracto. 


Asimismo, convendría combinar tanto en la enseñanza como en la investigación los dos métodos, el deductivo y el inductivo, a menudo presentados como opuestos. Según las disciplinas que se enseñen, uno resultará más pertinente que el otro, pero en la mayoría de los casos la concatenación del pensamiento requiere combinar ambos.” Nos sugiere el Informe Delors.


Las funciones de la Inteligencia Ejecutiva, tal como las identifica la neurología y tiene que fomentarlas la educación son: Inhibir la respuesta, dirigir la atención, el control o regulación emocional, la planificación y organización de las metas, inicio y mantenimiento de la acción, la flexibilidad, la memoria de trabajo y el manejo de la metacognición. 


Desde los/as profesionales de la educación sabemos que estas funciones son imprescindibles para el aprendizaje, son transversales y deben ser fomentadas a través de todas las materias que se estudien.


Los estudios de Derry y Murphy han mostrado que el desarrollo de un mecanismo de control ejecutivo que dirija las actividades de aprendizaje, amplía la capacidad de aprender.


Terry Moffit, a partir del Dunedim Study, que ha seguido durante 32 años a más de mil niños/as, concluye que el aprendizaje del autocontrol es el mejor predictor del éxito escolar, de una buena situación social, de mejor salud y de evitación de conductas de riesgo.


Walter Mischel ha sacado conclusiones muy parecidas a partir de su test de “aplazamiento de la recompensa”. El resultado de este test, que se aplica a niños/as de cinco años, predice mejor el futuro académico que los test de cociente intelectual.


Por último, recientemente el Departamento de Educación de EEUU ha publicado el estudio (2013): Promoting Grit, Tenacity, and Perseverance: Critical Factors for Succes in the 21st Century, en el que después de revisar más de cincuenta investigaciones concluye que los “factores no cognitivos” (ejecutivos) son decisivos para el éxito escolar. Este documento aborda las habilidades no cognitivas necesarias para prosperar en el siglo XXI. Según los autores, estas habilidades no cognitivas son esenciales para la capacidad de la persona para esforzarse y tener éxito en los objetivos a largo plazo y de orden superior, y de persistir en los distintos retos, desafíos y obstáculos encontrados a lo largo de la escolarización y la vida. Los autores ponen en perspectiva la forma en que es responsabilidad de la comunidad educativa para diseñar ambientes que promueven estas funciones ejecutivas para que los/as estudiantes estén preparados/as para responder a los nuevos desafíos de aprendizaje en el presente siglo.


La educación basada en proyectos estructura una didáctica para la formación de personas autónomas, capaces de tomar buenas decisiones, aprender con eficacia, gestionar las emociones y convivir adecuadamente. Nos permite integrar todo lo valioso que la psicología moderna ofrece, y proporcionarnos un modelo sobre el que elaborar una pedagogía científicamente fundada.


Nuestra propuesta está centrada en el desarrollo del autocontrol emocional y el desarrollo de la inteligencia ejecutiva a través de la “didáctica del proyecto”.
Así pues, comenzamos descubriendo el marco teórico práctico que integra la inteligencia emocional y ejecutiva en el ámbito educativo, y lo ponemos en práctica a través de la metodología de proyectos.